Shiraz

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Gemma Love

lunes, 5 de diciembre de 2011

Igual de doloroso


La parte en la que abortas la misión.
La parte en la que abortas la misión de un sueño.
La parte en la que abortas la misión de un sueño que es amar.
La parte en la que abortas la misión de un sueño que es amar y que te amen,
está  quizá muy cerca de parecerse a la parte en la que abortas la misión de una persona.
Abortar un amor feto.
Abortar tu sangre.
Abortar  la vida propia.
Es quizá también la parte en la que ni siquiera existe para ser amado
y te das el lujo de abortar lo que pudo haber sido maravilloso.
El fin último.
Tu fin último.
Eso que buscas y te atrapa.
Eso que te atrapa y te envuelve.
Eso que te envuelve y te llena.
Eso que te llena y te hace sentir vivo.
La parte en la que abortas la misión de un sueño que es amar y que te amen,
es quizá la parte en la que regresas a la vida zombie, pero segura.
Es quizá la parte dolorosa.
La parte seca.
La parte madura que no llora.
La parte en la que te conviertes en otro ser,
un poco menos sensible.
Es igual de doloroso que prohibir la vida ajena.
Ni siquiera es por el bien de nadie, sino por el bien del amor mismo.

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