Shiraz

Shiraz
Gemma Love

miércoles, 25 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Capítulo 17. Final primera parte)


¿Cómo te defiendes de ti? 

  Yo era mi enfermedad, mi verdugo, mi amigo, mi compañero, mi perro, mi amante, mi mentira, mi protector, mi conciencia, mi látigo y mi abrasador consuelo. ¿Cómo le haría para esconderme de todo ello? Pensé, que, quizá en un sitio dónde no tenga que ser algo específico, donde pueda coexistir sin mucho dinero y sin la presión de vestir, decir y hasta de sentir lo adecuado. Hay mundos para los que no estaba hecha, un segundo en la superficialidad me destrozaba las ganas de salvarme.

  Venía pensando mucho en mí. A veces las mentes más complicadas son las más sencillas y las más sensibles, me dolía hasta el iguano que mi perro se tragaba, me dolía las seis de la tarde frente al sucio y salado mar de progreso; pero me dolía más no poder acabar con ello porque no quería y cuando me lo proponía me sentía vacía. Y me preguntaba, ¿qué es lo que pasa? ¿qué es eso que digo que tanto me duele?




  Tenía muchas ganas de no estar.

  Brian iría al parecer el fin de semana a Cancún, su madre le había regalado un pequeño disfrute, lo que significaba que podría estar sola y cambiar algún rumbo de mis días hacia la paz de no tener que hablar, ni pensar tanto o pensar todo lo que quisiera sin medirme. El plan era escapar unos días de casa, para ello necesitaba dinero, algo que no tenía, así que igual pensé en ir a casa de Lluvia y pasar un fin de semana admirado sus grandes ojos que me hacían entender el mundo de otra forma más espiritual. A veces pensaba que ella debería ser Buda, pensé en llamarle Buda. Pero, también recordé que lo que deseaba desde el fondo de mi pequeño trasero, era escapar, REALMENTE escapar de todo, todos y toda.

  Llorar, era un verbo cálido, satisfactorio y lubricante. Me gustaba llorar, pero hace tiempo que no sucedía. Quería que se muriera alguien para llorar mucho, pero seguían vivos. Pensé en morir, pero no podría llorar, así que desistí de la idea. Mamá había hablado de pastillas, creo que en algún momento querría marcharse, pero tampoco lo hizo. Así que todos seguíamos “soportando” la vida que elegimos y que además nos tocó. Miré el techo de la tienda, lo noté tan alto como nunca, -me lleva la chingada- exclamé, nada más quería maldecir a los siete cielos que me había hecho creer que existen, me sentía de la puta madre de vacía y estática. No había movimiento, empezaba a morir hasta mi cuerpo, tenía los primeros signos de la pre-pudrición. Luego la presión en el pecho, no podía respirar y tenía sed y tenía hambre y tenía ojos secos. Sobre todo eso, los ojos secos, no había nada más dentro que mis estúpidas pupilas oscuras. Luego todas esas gentes hablándome en Facebook, eran una exageración de correos privados, quería desactivar la cuenta, quizá lo haría un tiempo o quizá sólo me iría sin enterarlos. Sí, eso quería, irme y nada más enviar un mensaje a mamá que diga: “estoy bien, regreso en unos días, cualquier cosa a mi cel. Estoy sola, nadie que me viole, así que despreocúpate. Te quiero, siempre lo haré. Gracias”. Y aunque sonaría a una despedida que la haría llorar, entendería que algo EN VERDAD no anda bien conmigo y que necesitaba quemar mis naves y volar lejos para regresar agradecida con la vida, por tener quien espere mis estúpidos pensamientos y mis rasgados ojos tristes, cansados de ser lo que eran.

  Hacía tiempo que no escribía tanto y tan fluido, dí gracias al dios de la escritura por todos aquellos libros prestados por Orlando y por la fluidez de mis dedos para escupirlo todo. Me sentí un poco triste al recordar que sería el último capítulo, quizá de una primera parte, quizá no. 






  El siguiente paso: me había quedado claro que cuando algo se termina, se termina, siempre todo en su perfecto tiempo; así que la danza era ya un hecho desecho. Mi criadero de perros, una posibilidad, además estaban claras al menos algunas cosas como realizar todos los deseos de mi lista de deseos, quizá sólo eso. Lo demás se presentaría cuando así tenga que suceder; después de todo, “en cualquier momento que comience es el momento correcto”.

miércoles, 18 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 16)


  Esa mañana mamá pidió hablar conmigo, era miércoles y no fui al médico como lo habíamos planeado. Mamá tenía miedo de que yo tuviera cáncer, y yo tenía tan sólo la curiosidad, siempre mi dejo de morir joven y tristemente feliz. Pidió hablar conmigo en cuanto terminé de  cepillarme los dientes, y cuando empezó, mi cuerpo hirvió en llamas del infierno deprimente, me vi entre rocas ardientes de un volcán muerto: mamá juzgó mi proceder con Brian, criticó la carta, el que lo haya besado antes de que seamos algo formal, me llamó vulgar y lloró a Dios por mi alma, para que en algún momento halle el camino de vuelta a la cordura. Preguntó si Brian  había insinuado algo de tener relaciones o si yo quería hacerlo con él o si ya lo había hecho o si por mi cabeza pasaba hacerlo próximamente y todo ello me dio vueltas y me eché a morder con palabras las palabras de mi madre. Lo cierto, era que en definitiva andábamos coqueteando con la idea de ello y quizá ocurriese pronto y además, lo habíamos comentado por teléfono, durante aquellas noches en las que hablábamos hasta la madrugada. Quiero pensar que mi madre nunca escuchó las pláticas, pero todo me indica que sí. Mis ojos le dicen a gritos cuando miento, ella lo sabe todo sin siquiera preguntarme.
  Peleamos en la cocina, en mi cuarto, en las escaleras, en su cuarto, en la sala, en la puerta. Me creía la peor mujer del mundo, la más vulgar, la más fácil y eso entristecía mi alma triste, no porque me pensara tan horrenda y poco decente; sino porque, después de tantas situaciones, pleitos y llantos… nada había cambiado, quizá, en ninguna. 

  A veces pienso que nunca llegaré a ser en verdad feliz, todo su sermón me llevó a pensar las cosas no tan detenidamente, pero a pensarlas. Me encontraba realmente confundida, además, le había comentado sobre unos días en Bacalar con mi Romeo, y al decirme que seguro quiero hacer sexo con Brian, sentí que me morí. La única verdad, era que quería estar sola, pasear, nadar, pensar, no pensar, sentir, comer, reír, fotografiarme junto a mi perro, dormir bajo el cielo estrellado, cantar mientras me baño, irme, diluirme junto al cálido cuerpo de mi amigo fiel y simplemente, todo lo que ella albureaba, era acerca de la bajeza de mi persona, la pobre, tonta, fácil y puta hija suya.
¿Cómo no morirme? ¿Cómo no dolerme? Quería que el cúmulo en la ingle, explotara, me llevará no importa si al infierno, o al paraíso, o a ninguna parte, todo menos aquí, escuchándola y sintiéndome. Mamá, ¿recuerdas que pasó con el abuelo? Claro que lo recordaba, una presión más y acabaría por seguir sus pasos, directo a la morgue. No era una chica estable. Si ella supiera que perdí mi virginidad con ese chico que ella consideró inofensivo, si supiera que siempre he sido yo la causante y única autora de mis desgracias experimentales. Si supiera que me ahogo en mí actuar, que mis pensamientos me encarcelan en una magnífica fortaleza de ignorar el tiempo. ¿Cómo le explicas al mundo que no te sientes parte de él? ¿Cómo le explicas a la señora que te dio la vida, que estás a punto de colgarte porque todo es una maldita estupidez? ¿Cómo le haces entender, que sus críticas no ayudan en devolverte a la tierra; sino que al contrario, te extirpan de un bofetón?

  La persona que más te ama, es la que más se inmiscuye en tu vida y es la que odias al final del día. Me pegunté cuánto amaba a mi madre como para perdonar el daño que me causaba y aceptar su amor, de la forma en que venga empaquetado. No quería parecer más mal agradecida de lo que ya era; pero antes de salir de casa esa mañana, le pregunté cuánto más me haría esto, estas escenas y esos reclamos de mi vida privada, me respondió que siempre que viva bajo el techo de su casa tendría que respetarla, aunque eso signifique dejar a un lado ciertos deseos personales. Nunca había luchado por alguien, esta vez, era turno, de verdad, enserio, de luchar por mi y mi vida. Le dije que buscaría casa para rentar, me dijo que le parecía perfecto, salí, lloré, caminé lo más etérea y digna que pude, recogí mis alas rotas y abrí la tienda, puse música y lo que más amo fluyó como trompo sin detenerse: el malestar de sentirse basura humana.

  Recordando cuantas veces había pasado por ello, me di una última oportunidad para hacer lo que siempre he querido: vivirme plenamente, sin reparos, sin críticas y sin imposiciones. Agradecí al cielo el amor de la familia y su educación, su apoyo, sus palmadas y sus preocupaciones; así como sus regaños y sobreprotección. Pero este mundo, así de salvaje, así de monstruoso y destructor de identidades, debía enfrentarlo sola y a esta edad, era necesario porque mi sangre hervía y no podía esperar segundos más para hallarme desgarrada. El paso a seguir era ahorrar, buscar casas en renta, terminar deudas y cobijarme con el aire caluroso de Julio. El paso era sólo ser fuerte, sin lugar para los derrames emocionales. El problema de todo ello, el punto máximo que me orillaba a semejantes decisiones, la esencia de tanto rollo, era que necesitaba planificar el tipo de vida que deseaba y el inicio era nada más que esto

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 15)

  Había terminado mi primera semana de turno completo en Vintage, iniciaba la segunda y se notaba  la prosperidad. Teníamos nueva mercancía en tienda, lo que hacía lucir más bellas mis tardes dentro de ella. Vintage era como mi habitación, porque para empezar estaba a unas cuadras de mi casa, en el centro histórico de la ciudad de Mérida; y en segunda, porque tanto tiempo dentro y en su ambiente cálido, podría explayar mi escribir, mi pensar y aislarme de casa y de todos. De alguna forma, me sentía a salvo. Todas las noches caminaba Mérida de regreso a casa, queriendo no llegar, pero llegando. Paseaba a Romeo por algunas cuadras cercanas y al final, ninguno quería entrar, pero entrábamos. Hacía ejercicio y después de bañarme, tumbada en la cama, esperaba la hora exacta para marcarle a Brian y platicar como platicábamos. Romeo se tumbaba debajo de la cama, lo más cercano a mí, respirando mi voz en toda la habitación y suspirando por la emoción que compartíamos al estar vivos y juntos.  

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 14)

  Hay cosas que prefiero no escribir para no recordarlas y no sentir, pero todo este asunto de sentir se me viene colando por los huesos. “Empiezo a conocer la intensidad de mi ser”. Lo cierto es, que, suceda lo que suceda, si algo falla, se explota o se termina… me hará cerrarme herméticamente, para siempre. 

lunes, 16 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 13)


Desaparecer. Desaparecer dos veces. Desaparecer de la desaparición. ¿Cómo explicas la muerte interna? ¿Dónde se va el alma cuando ya no puede con su esencia? Era suficiente, en verdad era suficiente, necesitaba –ahora enserio- estar sola. 

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 12)


  Ese Lunes nueve de julio empecé a trabajar  doble turno, la situación del despido de mi compañera de trabajo había sido incómoda, sobre todo porque esa mañana se retiró casi corriendo y supuse que estaba llorando; me sentía mal por ella, ya que el trabajo lo conseguí a calor suyo; pero las circunstancias las había propiciado ella sola y una solo podía mirar cómo algunos finales se presentan por las acciones mal encaminadas de uno mismo. Entonces pedí al cielo que todo mejorara en la tienda, que el embarazo de mi jefa sea dichoso, que todo esté en orden siempre, ya que era mi turno hacerme responsable de todo lo que viniera, todo.  Por otra parte, había tenido una conversación con mamá durante el desayuno,  confesé lo perdida que me sentía al terminar mis estudios y no saber a dónde dirigirme; así que me dijo las mejores palabras que una madre puede decir a su hija: “acabas de bajar de un tren cuyo objetivo era llegar a la estación, tomarás el siguiente tren que durará seis meses mientras finalizas todo y entonces cuando te bajes sabrás hacia dónde ir nuevamente”, era una analogía bastante clara, el viaje en tren significa el proceso mientras alcanzo metas, pero ¿cuánto más habría de viajar? No tenía esa respuesta porque no sabía lo que quería, tantos caminos, rutas, destinos y ninguno me erizaba la piel como al inicio de mi vida en las rieles. Además mi constante vicio de querer estar sola todo el tiempo, no estaba segura de lo que había con Brian, en verdad lo considero la primera persona que he tratado con seriedad; sin embargo, no sé hacia donde iríamos ni con que propósitos, el próximo once cumpliríamos dos meses de conocernos: no es mucho, pero es mucho. ¿Hay algo que deba seguir después de ese tiempo besándonos?
   Era un hecho: todo este tiempo trataría de visitar aquellos lugares que tanto se me antojan: Laguna de Bacalar, San Crisanto, Telchac Puerto, Celestún, y las playas que mi cuerpo pueda soportar. LO había pensado bien: tendría que ser un sábado después del trabajo, me quedaría para amanecer domingo y regresaría por la noche, para al día siguiente llegar a tiempo a la tienda. No me importaría si nadie pudiese acompañarme, había pasado las primeras semanas de mi vida en libertad: enferma, y cuando tuve la disposición económica para pasear y comer y beber, nadie estaba disponible. Parecía una broma muy mala, y pensar que Brian me acompañaría en esta nueva etapa de morder el mundo, pero no, él se encontraba en una etapa extraña de aislamiento y hasta quizá evasión de mi persona, teniendo tantas noches para disfrutar y tanto tiempo… empezaba a cansarme y sólo llevábamos casi nada juntos, sin un nombre, sin una exclusividad asegurada. Después de tantos chicos y tantas estupideces mías,  una parte de mi quería salir corriendo y aislarse en alguna cabaña barata y húmeda y leer y beber vino tinto. Pero ahí estaba yo, esperando que se comunicara conmigo, que me llamara, que me oyera, cuando siempre toda mi vida había prometido jamás quedar loca por alguien, nada de esperanzas, nada de miradas perdidas, nada de escuchar latidos de corazón del pecho enfrente, nada de esas cosas maravillosas que te elevan y de un soplo hacen caerte al abismo más exquisito de todos. Y ahí estaba, enamorándome y esta vez, estaba segura que era un hecho, después de Jim, supe distinguir entre capricho, gusto y cariño. ¿Qué más puede hacer una chica como yo que no ha amado? ¿Entregarse en carne viva a lo que venga? ¿Dejarse acompasar por el sentimiento que me abarcaba en su presencia? Tenía tantas ganas de llorar, por vez primera me sentía atrapada en un alguien, depositada en un alguien, sin que ese alguien lo sepa y sin que yo quisiera demostrarlo abiertamente… ¿qué estaba haciendo?

martes, 3 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 11)


   Dos de Julio y todo hubo terminado. Era Lunes y por la mañana había presentado el último trabajo con Mantilla, algo relacionado con América Latina y las definiciones de Realismo en novelas de Juan Rulfo, Carlos fuentes y García Márquez entre otros. Días antes finalicé el servicio social en un evento que se llevó a cabo en Jueves, día que por si fuera poco terminé bebiéndome la noche margarita tras margarita en el Pompidou. Esa noche Brian no pudo acompañarme, así que busqué fiesta con Ximena y Angelice. Ximena y yo empezamos la caza de cigarros, estábamos tan mareadas que varios chicos pensaron en aprovechar, pero no me apeteció bailar con nadie, así que me divertí con mis amigas las margaritas. Quedé ebrísima, mis tacones diez parecían de cincuenta y cada paso me convertía en el becerro más reciente de la manada de becerros. Terminé en una silla, con el regalo que mi niño Omar me había obsequiado esa misma noche, un patricio de peluche, así que me dispuse a descansar mientras lo recordaba. 
  Pasadas las horas un chico de nombre Abraham me pidió mi nombre y mi número, sólo hice quitarme y sus amigos le preguntaron si ya me había untado el camarón, que cerdos, pensé. Pero así son estas noches, no todos van a relajarse y divertirse tranquilamente, muchos van en búsqueda de sexo fácil y urgido y salvaje y todas esas cosas maravillosas que una relación sexual ocasional puede proporcionarle a uno. Y no los culpo, quizá en otra época de mi vida (hace dos meses) y si no tuviese que llegar a casa a una hora determinada, hubiera ido en busca de una situación similar. Mínimo un after loco y prendido que me dejara repensando en si estaba viva o muerta; pero una vez que llegué a casa por la madrugada me postré en el cuarto de mis padres y dormí como bebé. 
  Después de la locura vivida el jueves, llegó el viernes y con ello la  última sesión del servicio, mi cara de zombie decía tres cosas: estoy cruda, la gripa contraataca y los odio a todos. El sábado me pasé postrada en cama al igual que el domingo. Lunes de nuevo, lunes dos de julio y a pesar de la gripa respiraba libertad hasta por las orejas. Para eso Peña Nieto habría ganado como presidente, al igual que Rolando Zapata para gobernador. Brian estaba emocionado por su posible y casi seguro puesto en el PRI. Yo estaba emocionada por él y por mi, ya que Julio representaba el mes del cambio, del descanso, de la planificación y el avance. Mientras tanto el país estaba camino a la mierda absoluta, con el PRI en el poder todos andaban vomitando críticas en las redes sociales, tanto que me hastié y preferí escribir. Terminé criticando al pueblo crítico, eso me hizo pensar en lo criticable que sería que leyeran mi crítica acerca de sus críticas, acabarían por criticarme toda. Pedazos love por todas partes, sería espléndido; pero como volvió a abrir la tienda, nada mejor que el aislamiento. Quedaba esperar el viernes para el pago de mis seis mil pesos, con eso haría un pequeño viaje quizá a la Riviera, entre otras cosas. Veía venir una de mis metas, llevar a Romeo al mar, sólo el y yo y el inmenso océano que lo cura todo. Mi alma necesitaba la última pócima y estaba por conseguirla. Todo estaba en su lugar, por un momento, en el cauteloso tiempo. 

domingo, 24 de junio de 2012

Lize (By Smog)

"Hoy en día las mentiras que se hicieron  simplemente se desmoronan"
 (Nowadays the lies that get made Just fall apart)


Aquí Os dejo la canción:


martes, 12 de junio de 2012

Sentidos en la mira

Ni las mentes más amadas,
ni las más complicadas;
algo que sólo entendiese
un dueño de sí mismo,
sin palabras de sentimentalismo
y con la mirada sombreada.
Sólo así pudiese contemplarse
a lo más fiero de la  persona,
cuyos deseos ocultos
no dejaran de manifestarse. 
Y en el centro de una luz
encontrarse iluminada,
escasamente libre y
sigilosamente amada.

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 5)


  Llevaba una semana completa que venía recordando lo que soñaba, al despertar de cada uno de los días tenía vívido el color y la sensación de cada una de las imágenes de mis sueños. En el último me encontraba en el Golden Gate, como si hubiera ido alguna vez, había un tornado y una gigantesca ave negra sobrevolaba la ciudad, era una especie de zopilocuervo que buscaba una hembra que le diera un hijo, volaba y buscaba por todas partes de entre las mujeres que se encontraban en el puente, ninguna parecía la correcta y continuaba su búsqueda con grandes aleteos que desperdigaba plumas negras sobre los autos. El tráfico estaba detenido, las personas de un lado a otro, el viento fuerte como si el mismo cielo nos atravesase a todos, y yo,  estaba viendo como todo era devastado por las fuerzas naturales de mi imaginación. Entre todo ese espanto salí del  auto rojo donde me encontraba oculta, pasando al rol de la presa fácil y cuando pude recobrar el aliento, me encontraba entre sus patas, por los cielos y camino a su morada.   Después de eso no recuerdo más, quiero pensar que  fue la forma de sudar el embrollo  que  acepté, desde la locura y las ráfagas de sensaciones, hasta  la tortura de vivir lo que decidí vivir. Desperté y tuve miedo. Primero pensé que el diablo quería un hijo y vino por mi; pero pasadas las horas pensé que la devastación era en resumidas cuentas mi alma. O quizás el ave era esa parte oscura de uno y la devastación era lo que estaba por venir. A final de cuentas, la única que había propiciado todo ello, era yo. Entonces debía darle un final lo más pronto posible, como hago con todas esas situaciones que no llevan a nada. Y eso representaría un breve, pero agudo dolor de cansancio y decepción. 

lunes, 28 de mayo de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 4)


4

  Me desperté pobre, ya que la noche anterior me había gastado toda mi plata, así que amanecí harta, hecha bofia y con el cuerpo adolorido, ya que la lesión de mi espalda empezaba a manifestarse y además  mis pies los tenía molidos, púes dos días antes había trabajado de edecán en un supermercado y los zapatos me habían roto hasta la esperanza. La lesión se debía a que en mis años de preparatoria había logrado entrar a la selección de gimnasia rítmica y en una de esas contorsiones contorsioné a la misma contorsión y el tendón derecho cerca de la columna gimió como leona en celo. Y con los años se manifestaba en hinchazón o molestia, en general todo mi cuerpo es un  peluche parchado. Sentí más la miseria en la que estaba cuando me percaté de que me había dejado de importar todo, hasta mi perro, que venía enfermo varios días y sus inyecciones me andaban dejando en la indigencia; por lo que me di a la tarea de vender la ropa que ya no usaba y con el desapego que me caracteriza: la que aún usaba, así que con la ganancia exacta compré unas pantys y pagué a Ragel, un amigo de la vida, que además era veterinario; pero no le pague con las pantys, aunque pude hacerlo, pero el no usa pantys. El punto es que me pasé los días haciendo entregas y eso me bastaba por mientras para alejarme de Jim y de mi familia. Por momentos sentía unas ganas tremendas de extirparme de mi vida, cerrar la tienda, tomar los tenis más cómodos, una mochila y lanzarme a la costa a nadar y comer pescado y beberme unas frías; quedarme ahí mientras buscara alojamiento en algún pueblo costero y regresar sólo por mi perro para establecernos en una casa no tan pequeña pero tan poco tan jodida, ya que a fin de cuentas, se vale vivir sencillamente pero no al extremo de miserable, no hay que ser tan masoquistas para disfrutar. De esa forma quería deleitarlo todo, de la manera más sencilla, comiendo el sol y ardiendo siniestramente por todos los caminos y las carreteras donde pueda iluminar el monte. Pero regresaba mi mente al sonido del mediodía, en medio de la hora pico meridana y sólo  me limitaba a cerrar las páginas que habría en internet, empezaba a querer buscar una satisfacción más consistente que la de postear poemas en páginas donde los agregados eran en su mayoría mentes muertas o demasiado terrenales, merecían mis penas ser exhumadas por el alcohol y el retiro, si de todas formas el clima era un infierno, entonces buscaría la manera más real de sentirlo. No sé si se podía algo más real de lo que venía sucediendo, a veces me parecía que todo era sombras, reflejo de lo que es, incluyéndome. Quizá en el punto de completo aislamiento y en contacto con lo más posiblemente real: la naturaleza, podría deliberar sanamente acerca de mis próximos pasos y hallase como por revelación la senda fácil donde los ángeles caminan. Pero, siendo franca, todos me parecían demonios sin destino, como yo; y las sendas fáciles no eran más que leyes y protocolos. Y nada, absolutamente nada de ello me llenaba.  Y pasé la tarde de esa forma, hasta que por la noche llegó Ragel a inyectar a Romeo, al término de los coleteos sugerí charlar fuera de la casa porque era una estufa muy caliente y mi cabeza palpitaba anunciando posible convulsión. Ese día hablamos de Kerouac y de todos esos bellos sonidos que conforman la vida de Ragel, del cual me expresaré más adelante.

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 3)


3
   Para lo que hice el viernes, nada de lo planeado: salí del servicio social donde trabajo con niños desde hace ya nueve meses y bajé hasta la oficina de Jim, cerca del centro donde trabaja en un departamento para el gobierno. Lo absurdo de la situación es que Jim me prestaba todo su tiempo, estábamos en contacto casi todas las horas y no porque yo así lo quisiera, siempre estaba al tanto mío cual exagerado protector; eso me era extraño porque soy una persona sola y es en la soledad donde siempre he encontrado el bienestar. Todo eso me hacía pensar que nada tenía que ver con alguien más y que era mi cabeza paranoica la que creaba historias, así que empezaba a dudar de mi intuición, desequilibrando todo mi ser; entonces, mantuve firme la idea de que es necesario un poco de desequilibrio para mantener el equilibrio. Esa tarde que lo visité llevé a Ximena conmigo, una amiga de la Universidad, los presenté y estuvimos parloteando una hora hasta que nos hizo el paro de llevarnos al teatro donde se presentarían aquellos videos de comunicación, nos bajamos del auto y yo le despedí con un beso de esos que no entiendo y él se fue. Ya en la puerta del teatro nos fijamos en lo mucho que faltaba y para colmo Ximena había visto a su ex novio, Porfirio, que vacilaba como siempre al aire sin percatarse de lo  que sucedía a su alrededor, así que fuimos al Mayan Pub, un bar céntrico y pedimos un cubetazo de pacífico, yo quería la Guinnes pero estaba a noventa cada una, lo mismo que un cubetazo con cinco pacíficos, así que nos fuimos por lo bara y parlamos de hombres. Ya risueña, confesé a Ximena esas cosas que se confiesan entradas en tono, así que hablé de León, un colega de la universidad que había soltado una sopa extraña acerca de nosotras, se supone fue hace medio año, el andaba en una fiesta en casa del Vega, otro colega de la Uni, y habló de ella como hablan esos que no son caballeros y si tienen memoria. Y pensar que León y yo tuvimos hace cierto tiempo una historia bastante curiosa y después de eso le echara los dogos a mi amiga, pero está bien, yo siempre quise que el se fijara en otra persona y que mejor que Ximena. Pero esa noche, entre los retumbos del Jazz que sonaba en el sitio, ella me aclaró que no hubo más entre ellos, fue sólo un plan maldito y divertido para que Anaís, una chica un tanto gorda que le tiraba la tanga a León, dejara de perseguirlo y entonces él se encontrase lejos de la tentación de utilizarla para meros fines placenteros.
  Pasaban de las nueve, apenas llevábamos tres cervezas y Ximena me alcanzó en felicidad, con los ojos a todas partes menos a ella, le confesé el gusto que me daba verla en pie después de su tórrido romance con Porfirio del que había salido tan herida como foca bebé. El asunto fue así: el chico la había dejado de repente y ni ella se explicaba porqué, lo cierto es que todos sabíamos que Porfirio era lo bastante desmesurado para vivir esta vida, se la pasaba echando desmadre en donde se le permitiera hacerlo, bebiéndose y enfiestándose como cualquier chaval de dieciocho años que tomaba enserio sólo el hecho de que en algún momento algo habría de tomar enserio, por lo demás era bastante social y buen amigo, siempre andaba con un grupillo que denominaban “hermanos” quienes en la menor peda le dejaban tirado haciendo el ridículo. Y digo ridículo porque eso decían, andaba de boca en boca y para rematar pensaban que era homosexual, porque además, sus movimientos eran desprovistos de masculinidad. Vaya que el Porfirio me caía bien, era de esas personas a las que les puedes rezar un rosario y te escuchan entero no por que sea religioso, porque no lo era, sino porque nació siendo una oreja muy grande, dispuesto a todo por quienes ama. Supongo que de ahí el interés de Ximena en él, aparte el la había conocido un año antes de que entrase a la Universidad, la vió en un stan de la Licenciatura y se acercó a pedir informes, entonces decidió que quería estudiar Comunicación solo para verla; y así fue. El con dieciocho años y ella con veintiuno, él de nuevo ingreso y ella de salida al mundo. Y esas diferencias se fusionaron en Chicxulub puerto, en la casa de Porfirio, quién me confesó que le gustaba Ximena. Recuerdo muy bien esa noche porque Isaías, el dude con el que yo asistí se encontró con Perline, su ex vieja con la que se enfundó tanto que me la recordaba cada que nos veíamos, hasta la fecha no sé como pude tolerarlo, o era demasiado paciente o en definitiva estaba pendejasa; vaya, el punto es que los noté tan cercanos, a Perline e Isaías, chupando del mismo limón donde bebían su tequila, que me tomé el caballito que me faltaba y me lancé arena abajo, salí de la casa y me escabullí entre la oscuridad de los matorrales donde encontré a Porfirio en medio de la nada, quizá un poco perdido por el vodka después de jugar fondo, me acerqué y le dije –tengo que confesarte algo ¿hay alguien que te guste de aquí?- Todo indicó que la interesada en él era yo y eso era falso, así que actué rápido y seguí hablando – porque le gustas a Ximena- y entonces su rostro se iluminó divino, y con la impertinencia que el alcohol hereda en la sangre, fue a buscarla y se besaron sobre las aguas que reflejaba la Luna. Esa noche dejé a Isaías con su Perline, me fui con Caballero, un amigo en común de los dos que me llevó a casa y durante todo el viaje permanecí en el silencio más húmedo de toda mi vida. Después de eso Ximena y Porfirio dieron rienda suelta a su amorío, formalizaron y un día, no más se dejaron, Porfirio pidió espacio y Ximena le dio la eternidad.

  Seguíamos las dos en la mesa compartiendo la última fría y decidimos ponernos en marcha a la siguiente parada: un puesto de dogos. De camino yo estaba extasiada de que nos hallásemos jóvenes y vivas, y gritaba enjundiosa y con los brazos abiertos lo mucho que se me apetecía una margarita y sólo regresé al mundo de los mortales cuando mi nombre lo pronunciaron los labios de mi padre, enfrente mío, regresando del trabajo, preguntándome la hora a la que llegaría a casa, así que le dí una abrazo respondiéndole que lo veía en un rato y mientras se alejaba con el cansancio, Ximena y yo pedimos dos para llevar, sin chile y con mucha servilleta y nos sentamos a las puertas del Peón Contreras, hasta que vino Loren Plácido, un amigo de la Uni y no pidió cuidar su botella de Whisky mientras hacia una diligencia; y así fue y nos despedimos, dimos gracias al Santo viernes por la dicha de no tener que dar explicaciones a nadie. 

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 2)


2

  Pasó el dos de mayo entero sin vernos, fue lo mejor, yo respeté su día de gloria y entonces había que respetar mi día después de su día de gloria, la única verdad imparable era que me estaba volviendo paranoica y el regreso era ya algo muy lejano que nunca iba a manifestarse en mi memoria. A lo largo de mi respetable dos de mayo osó escribirme vía interfaz dejando un mensaje muy ligero de que me extrañaba y me olvidaba de él, así que respondí media hora más tarde preguntando acerca de su día y hablando del mucho calor que entonces azotaba la ciudad. Fui muy vacilante y evité el tema de mi “desaparición” a toda costa, finalmente me envió un testamento donde atestiguaba lo mucho que me adoraba y lo seca que me estaba comportando con él, entonces me di cuenta que lo único seco eran mis ojos, no había nada en ellos. La situación autoinfligida me ocasionaba dolor de cabeza, pero tenía las retinas tan ventiladas por el paseo de la luna que mis ojos se habían vuelto mierda reseca, sobre todo después de pensar en todo ese montón de caricias que ellos se habrían proporcionado una noche antes, así que finalmente me encontré acerba y me gusté durante el rato que pasé sentada frente al monitor en modo desconectado. Pero uno sabe, uno siempre sabe el porque de los saberes y de los no saberes, por eso aceptamos muchas veces sin reclamar los azotes del viento.
  Ese dos de mayo fue muy cansado, tenía el cuerpo agotado de un no se qué, que procedía de la cabeza hasta los dedos de mis pies, me zumbaban los oídos y caía desganada cada cinco minutos sobre la cama, con todo ese calor que solo Mérida regala en sus veranos. Llegada la noche me dispuse a “no parar” así que fui a mis clasecillas de danza para ver a mis amigas y entonces ahí estaba Iris, amiga de la infancia dancística con la que afortunadamente hube de reencontrarme en los salones del Centro Municipal de Danza, academia donde bailé durante ocho años de mi breve etapa danzante. Iris era una chica guapa, de muy buen ver, con el cabello largo y negro, ojos de gato comelón y que con sus diecinueve años, había pasado por los brazos más fuertes y más numerosos de la estadística juvenil, pero no había encontrado en ninguno el calor verdadero para arder toda su vida. Esa noche venía triste de casuales problemas escolares y entonces los ojos hinchados lo decían todo: el problema era que se había quedado sin equipo de trabajo porque depositar la confianza en otras personas no es cosa de juego adolescente, hay un punto importante en la línea del casi tiempo en que nada es un juego. Me recordó mis días blancos y me sentí orgullosa de mi adolescencia, cuando andaba en la preparatoria y mi vida social era igual a un infierno. Había pasado por cada mala jugada del destino y entonces podría comprender en cada pestaña de su agotada mirada, la decepción que sólo el hombre puede ocasionar a uno y ese pensamiento de que somos nuestra propia extinción. Pasada media hora llegó Eliza, delgada como la chingada, pero con todo lo necesario para posar en una revista de moda. Chica que al estilo de vato loco, siempre expresaba- chava, chava, chava, a que no sabes chava-  y entonces contaba anécdotas desbordantes de carisma. Eliza tenía la misma edad de Iris, recuerdo bien esa noche no sólo por ser mi día de gloria, sino porque Eliza llegó rodeada de una luz amable a nuestras almas perdidas, nos devolvió la esperanza de que dos personas pueden convivir en la mente monstruosa que habitamos, basando sus diálogos internos en el beso, la risa y la comprensión. Y yo quería creerlo todo. Eliza recién se había hecho novia de Manuelo, un chico bastante alto y noble, con los ojos vueltos Eliza y en la boca Eliza y en sus poros Eliza. Era contagioso verlos y pensar que es posible acurrucarse en alguien que te quiere más allá de toda la belleza humana, que te protege del mundo como proteges un cachorro y para el que significas el entendimiento más hermoso de las mentes. Pero para lo que nos reunimos, era para hablar acerca de una de una amiga  que había quedado embarazada y queríamos visitarle el Domingo en contra de su voluntad, después de todo en los momentos negros en que uno no quiere ver a nadie, no hay nada más refrescante que el yodo de las sanas presencias; por otra parte, una de nuestras colegas había empiernado con el ex novio de Iris y su “profesionalismo” era un tema que nos llevo no más de 15 minutos. Lo demás trató acerca de mi vida hecha un paste y la de Iris atormentada por el no amor. La mejor noticia de la noche fue que al fin nos pagarían la última función de baile presentada hace tres meses, a eso de Enero y de la cual no habíamos visto ni cincuenta pesos. El pago sería entregado el viernes a eso de las nueve de la noche, lo cual quedaba exacto con mis planes de disfrutar los bajos artísticos de los saloons del incomprendido centro histórico.  Tenía pensado iniciar con una visita al teatro Mérida en una exposición de videos elaborados por precoces estudiantes de comunicación; la segunda parada sería una exposición fotográfica en el Museo de Correos con el correspondiente vinito de inauguración; seguidamente correría extasiada a la casa Pompidou por una birra y música hipster y finalizaría en Hennessy’s para escuchar el tributo a la Joplin y The Cranberries entre otros dioses inmortales. Mientras, quedaba terminar el miércoles con las  bailarinas, dando saltos de momentánea y alucinada felicidad, para después llegar a casa, pasear a Romeo y acabar tumbada en cama leyendo todo acerca de Ray Smith y cómo el simple colibrí de su ventana le hacía pensar del mundo un eterno, lánguido y efervescente vacío.

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo


   1

  Empezaba el año y buscaba a dónde dirigir mis acciones, hacia que orillas naufragar y si no encontraba alguna como hacerle para no dejar de moverme y mantenerme a flote. Dos mil doce y quería devolverlo todo, y en eso andaba a lo largo de los dos primeros meses cuando un sentimiento me alcanzó crédula, al menos en ese momento porque los días me convirtieron en idiota y me  acorraló el unísono de los golpeteos ventriculares y  todo ello se debía, en parte,  a Jim, un adulto joven con cara de chaval afrancesado que se presentó una mañana de Febrero en la tienda donde entonces trabajaba de encargada. La verdad es que no lo recuerdo de la misma forma  que él a mí. Según, al cerrar la puerta para irse después de husmear por los pasillos, fue mi sonrisa la que le dio la idea de que podría haber algo entre los dos, algo tan emocionante y excitante como ser sólo amigos. Sí, luego uno se da cuenta que la adrenalina corre también en retroceso. Bueno, me lo tomé enserio, yo no sé si era una broma de muy mal gusto o estaba loco como para pensar involucrarme en tonterías sin sentido, el hecho era que en aquellos días lo único emocionante era seguir  trabajando, ahorrar una lana y largarme lejos a vivir tranquila y la implícita propuesta de aventura y movimiento llegó como agua en el desierto y dije tres veces sí a todo ello.
  Mi versión del suceso es que prácticamente no hubo suceso. Respecto a la sonrisa perdida, se debía a que siempre sonreía a los clientes cuando se marchaban porque la puerta tenía un chirrido del infierno y yo pretendía aminorar la falta de aceite en las briagas. Vaya, para lo que sucedió después, que me envió mensajes al Facebook, mensajes que fueron respondidos dos semanas después al hacer un casual inventario de mensajes no leídos y entonces en un salto absurdo ya nos encontrábamos casi todas las tardes en pláticas de acelerada curiosidad. Todo se resumió a encuentros  que tuvieron lugar en mi morada,  era ese tipo de persona tan franca, que se nota la sinceridad de su mentira, siempre hablándome de la poligamia, sus derivados y la mente tan abierta como un pescado beneficiado; además, omitió decir que tenía la libertad truncada, pero no me puedo mentir ya que siempre lo supe desde la intuición animal que te da el vivir esta vida; así que todo lo manejó como amigos que se quieren y entonces yo, con toda la experiencia de mis allegados, me dispuse a aceptar la condición tan sólo para obtener el discurso de la vida y la mano sagrada de la experiencia frívola, para así, utilitariamente  escribir todo lo que el mundo me presentase hasta que mi alma pronto se hallase estrecha en el antro de los sentimientos.
  Dos meses martirizándome al pensar en lo poco congruente del asunto: la idea de vivir se había convertido en un salto sigiloso a la idea contraria, y en mi cabeza un trailer completo de la película que venía dibujándose en los enroscados cabellos rojizos de la dueña de sus gatos; así que me escabullí entre las páginas de los ángeles del infierno donde encontré la paz inmediata de la celeste divinidad mundana, hasta que llegó el día definitorio de su aniversario. Tres años es mucho y a la vez nada, entonces todo mi rollo del vacío de que estamos unidos por la única razón de que funcionamos, igual que funcionan los no vivos desde su estadía en los extremos dimensionales de la imaginación, así que esa noche de su encuentro infinito, dormí temprano, abrazada por el calor de mayo y la acelerada respiración de mi siempre fiel amigo perro, Romeo. El único entero y radicalmente mío. 

  Esa noche del primero de mayo tuve una iluminación, soñé con mi abuelo muerto, el único que me habría amado hasta más que mi propia madre, el hombre  que en los sobresaltos de su neumonía hablaba con el diablo y le injuriaba y le escupía. Mi bisabuelo convertido en abuelo, más cercano que el tajante viento de la costa de Celestún, el que halló a la muerte en el baño de la cocina aún en construcción  y con la soga del tendedero, vino a verme. Si, ese hombre moreno de piel curtida por el sol y de exquisita vida colonial repleta de mujeres y alcohol, pero que había dado sus billetes y su enfermo corazón a mi bisabuela, vino en sueños a darme amor. Pude acercármele y tocarlo, y  entonces todo estuvo bien y entendí lo que es fácil de hacer, aun muertos y aun vivos estamos en una misma línea y somos parte del mismo vacío, como el mismo  Kerouac habría afirmado en sus tiempos de montañas, “vivimos en una flor etérea”.  Así, el bendito hecho de mi bisabuelo en sueños, fue la gota helada sobre mi incandescente frente, pues si un hombre que se quita la vida viene a sonreírte, es sinónimo de los sinónimos de seguimiento, no salirse, no parar, no dejar de moverse. Y eso hice al abrir los ojos, lloré porque una mujer tiene derecho a llorar después de querer lo inquerible, porque no encuentra el lugar de calma ni en su propia cama, porque el techo estrellado se vuelve tan monótono como el desayuno. Lloré, crispé las entrañas y como un calambre paralizador detuve la mañana por tres segundos y lo vi todo: mi abuelo feliz de lo que hizo en tierra, nunca dejó de moverse hasta que él así lo quiso.  Ahora ardo como una maldita fogata en primavera, porque un día te irás de aquí y no podrás llevarte ni los huesos de tu gato, entonces mi cama es la vida misma y mi libertad se dibuja en el cielo como las gaviotas de la playa. Entendí en la visión exquisita de mi sueño, que dos cuerpos unidos no te lleva al éxtasis infinito, que las palabras amelcochadas no hacen al café imperecederamente dulce y que soy tan eterna como lo quiera y tan imparable como un caballo desbocado. Mejor aún, un león, un zorro, como sea, el animal siempre es más sabio que el hombre porque éste siempre termina atándose a la equívoca significación del universo: los sentimientos no te aprisionan, ni te paralizan; a través de los sentidos nunca dejar de moverte, el que “para” se muere y el que muere habiéndose parado no vive en los sueños, como mi abuelo, siempre inquieto, ocioso e incandescente. 

sábado, 14 de abril de 2012

Conmigo viajo

Conmigo arreglo las desperfectas emociones
conmigo viajo a colarme entre palomas blancas
ser una de ellas, ser parte del viento.
Conmigo quiero la vida y deseo la muerte
conmigo sé de tratos y maltratos
dirigir la vida, sentarme a verme.
Conmigo reconocer que no conozco
y saltar al pozo de las ilusiones.
Conmigo saltar, 
conmigo caer,
conmigo nadar 
y luego elevarme
y estar conmigo siempre.

Sigfrido

Me hablaron una noche de la Luna
mientras me buscaba el caballero,
entregarme al impulso de lo breve
de ganarme el alma de un sincero.

Vasija

  Ahora más que nunca sé de vasijas rotas, hechas mal desde el inicio. No viene, simplemente la iluminación no viene y no encuentro a Dios en las personas. Los momentos en que callas las bocas, empezando por la tuya, se multiplican cada día por dos más; entonces caminas soñando que disfrutas el viento cálido y te haces rama movida por su ritmo. Ahora más que nunca mi cuerpo es sólo un cuerpo y mi alma no existe como tal, quizá la voz se propaga entre mis órganos y de ese sonido mi pensamiento es eco.

Educación

Intento llenar la cabeza de olas
pero sólo se queda la espuma,
he pasado décadas amándome
y ahora escupo en el espejo.

He perdido, he ganado
y sigo esperando el premio,
camino siempre acompañada
cuando deseo una simple isla. 

Podría quedarme siempre dormida
con el escepticismo en la mejilla,
pero sólo puedo tumbarme
y fingir mi sonrisa intocable. 

Y fingir. 

jueves, 12 de abril de 2012

Burbujas en el cielo rosa

-Y si pido que me digas algo bonito ¿qué me responderías?
- Eres el suave cielo rosa que se dibuja por las tardes de verano
-Y algo profundo ¿qué sería?
- Eres lo que me ha dado la posibilidad de ver burbujas en el cielo rosa
-¿Y algo que sea sólo nuestro?
-El miedo a irnos
-¿Y eso te asusta?
-No, me tranquiliza saber que no estamos seguros uno del otro
-Entonces, no estarás conmigo siempre...
-Estaré contigo siempre que ambos lo permitamos así, que no se afecten nuestras personas y que el daño ocasionado sea sutilmente reparable.
-Bien, entiendo.
-No, no lo entiendes.
-No crees que esté contigo siempre, no quieres estar conmigo siempre
-El siempre... es agua entre las manos
-Tu lo revuelves todo, ya dilo
-Bueno, es sólo que pienso a presente y trato de construir una casa en el jardín, además, compartirte es algo que acepto, porque nadie le pertenece a nadie.
-¿De qué hablas? Vas a empezar con eso, tú no entiendes. Ya me voy, debo arreglar unos asuntos
-Vale, arregla lo que tengas que arreglar. No creo estar cuando regreses, saldré a regar las plantas de mis pies.
-Oye pero no, dime...
-¿Qué quieres que te diga? Todo está claro. Tú te vas, yo me voy.
-¿Así lo piensas? Bueno, está bien. Ojalá pueda verte de nuevo.
-Ojalá, ¿no que ya te ibas? Anda, ve y haz tus cosas, gusto hablar.
-Pero no, ¿te quedarás aquí más tiempo?
-Parece ser que sí.
-Entonces me quedo contigo un rato más
-¿Y tus cosas?
-Pueden esperar
-Entonces si pido que me digas algo bonito ¿qué me responderías?...

viernes, 30 de marzo de 2012

Temporal

   Me tomó tiempo entender que lo único temporal había sido siempre yo. No es como imaginaba, las personas no llegan a mi vida, más bien llego a la vida de las personas para desaparecer en un tiempo definido. Soy de esas chicas que uno ve bailar y piensa en lo buena que podría ser para un breve; luego me conocen en lo que respecta al primer nivel de entendimiento  y se dan cuenta de que podría ser su hermana menor o la futura madre de sus hijos; pero si alcanzan conocerme más al fondo, cerca de mi estandarte mental, se dan cuenta que no podría siquiera ser madre de algún niño, ni hermana, ni un breve. Soy ese tipo de chica que te encuentras en la heladería y crees que esta ahí por un helado, no, ella está ahí por una necesidad de ya no entender el mundo. Vaya, realmente cansada me sentí al darme cuenta de todas esas visiones ajenas, pero más de las propias. Empiezo a pensar que tengo una maldita adicción a estar sola, conozco a alguien y simplemente me siento segura de la brevedad de las relación, de que todo dura un tiempo exacto para aprender y retirarse intacto.Quizá como secuela de temporadas anteriores, cuando me dejaba desbordar por el mismo desbordamiento y mis acciones giraban en torno a las esperanzas. Pero ahora no siento nada, no creo en nadie y al contrario de la chica que resultaba afligida, me encuentro falsa y seca frente a mí misma. 
  Creo que uno de mis mayores logros es la no culpabilidad, uno se cansa de disculpar sus acciones; por eso desaparezco repentinamente sin dar explicaciones de porqué y a dónde; por eso nunca me involucro más allá de una mirada o un beso, ni mal, ni bien, ello no significa nada para mi. Entonces,  no puedo ofrecer nada más que mi vida escueta y mis sentidos ineptos. Así es como funciona mi mecanismo: una programación a corto plazo que se reanuda y  comienza de nuevo; sólo que más  profesional y acertada a su objetivo de aprender y retirarse intacta. Tan fácil como entender esto, tan complicada que me pongo aveces cuando lo mejor es decir: "No siento nada por ti, tampoco por mi y no pienso sentirlo jamás". Sí, sí, es un miedo tremendo a quedarme con las manos vacías y que ni el cuerpo me soporte viva. Eso es todo, una temporada, un momento, un tiempo; es lo que soy y no me siento culpable. Sólo digo que no soy una chica para estabilizarse, no soy la mejor prospecto por mi sonrisa inútil y mucho menos la de un momento porque no me entregaré completa. En cuanto a la amistad, empiezo a dudar de mis capacidades, lo único seguro conmigo es que nada es seguro. No entrego nada, no doy nada y en cambio, me lo llevo todo... en un tiempo estimado. Ese tipo de chica soy. 


sábado, 3 de marzo de 2012

Iluminada

  No había ni una pizca de alimento en ese cuerpo, siquiera había ganas de seguir en movimiento; yacía recostado en una superficie húmeda de la calle ochenta y seis con el sólo monólogo de sus pensamientos. Si, desde luego; era un cuerpo cuya mente podía pensar y atravezar cualquier espiral aterradora en su búsqueda de la iluminación. Había pasado ya un tiempo que no se mide, y  la gente sin percatarse de su presencia, a excepción de los que deambulaban en la madrugada, de vez en cuando paraban un tiempo indefinido y contemplaban extrañados la inminente belleza de su concentración. Pero nunca iba a más, no hubo quien le hiciera compañía y dejaron pasar su oportunidad de luz. 

  Pude verlo una vez, el cuerpo, en la calle ochenta y seis. Tenía las manos largas y un poco rasposas; sus ojos permanecían cerrados cual paz eterna; estaba de costado izquierdo en posición fetal y tenía las piernas ligeramente dobladas, un poco sucias. Era un cuerpo hermoso por el aura etérea que le rodeaba, no supe distinguir si era hombre o mujer, hasta la fecha no sé si era un cuerpo realmente humano. Esa noche tuve sensación de miedo, algo tan  perceptiblemente bello y la idea de quedarme atrapada ahí para siempre, sonaba mal, sonaba horrible. Pero estaba desgastada de los días y lo único placentero era la luz que emanaba, "absurdo" pensé, "qué es esto y que estoy haciendo, seguro estoy borracha, me voy a casa". No sé cuando, pero estaba recostada a su lado, observando las estrellas que seguramente ese cuerpo no veía, no con los ojos abiertos a este mundo. Me sentí bien, por un momento, estaba en donde quería estar. El cielo se vino a bajo en zoom, pude notar cada estrella en su forma original; nada parecido a lo que había visto antes. Eran vivientes, extrañas y se llamaban a sí mismas con un nombre que no supe pronunciar; lo que estaba pasando era sencillo: ya no estaba dormida, ya no estaba camino a casa, ya no estaba. 

  Esto era mejor que lo que había sentido antes, simplemente no encontraba ni mis manos, podía sentir todo el derredor menos mi cuerpo, no había forma de observarme; pero de algo estaba segura, esto podría durar un tiempo indefinido y eso no me importaba. "Como poder respirar bajo el agua, pero con la liviandad del viento", así lo defino. Estaba feliz, me sentía plena y extendida, un goce súbito, así que empecé a moverme por todo el espacio, entendiendo la razón principal de la humanidad: se revelaba  a caricias el propósito existencial.

Como quien no se lo espera, caí en una espiral de espinas negras, el seco trueno estremeció mi ser y pude ver mis manos, largas y un poco rasposas; mis piernas entumidas por la posición fetal en que me encontraba; me estiré adolorida, el peso decendió por mis mejillas, se acabó la respiración en el agua y la liviandad del viento...

  Estaba ahí, en la misma habitación de siempre, sin entender lo que pensaba y sintiendo el cuerpo desnutrido, débil hasta la mirada. No había estrellas de nombres extraños, ni luz etérea, ni iluminacion. La razón principal de la humanidad me pareció un asco y vomité lo que no había comido,  tomé algo, no recuerdo que y, lo presioné a mi pecho, se hundió profundo y dejó rodar por mis brazos calidez propia, si, se sentía mejor, la sangre es cálida, más cálida que los cuerpos unidos. No era suficiente, necesitaba sentir más aquel calor, así que utilicé mis propias uñas y las hundí en mis brazos y piernas como quien hunde la cuchara en un flan napolitano. Pude por un momento ser mi dueña, levanté la dermis como quien pela una banana, y fluyó así en la habitación la fuente de la vida. Lo único que se dibujaba en mi rostro era una ténue sonrisa, casi desvanecida, etérea, por un lapso de tiempo indefinido pude respirar nuevamente bajo líquido, liviana con el viento y totalmente iluminada.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Error

>>Era innegable el error en proceso: de ese que planeas llevar a cabo y del cual sales adoloridamente satisfecho<<

   En los últimos días había experimentado todo cuanto aburriento pudiese manisfestarse, eran días demasiado tranquilos para ser vividos, necesitaban aire de locura desequilibrada para salir de la zona de confort. Lo único seguro era el baile, "ahí"  encontraba un porcentaje de la montaña rusa que necesitaba. Lo demás variaba de ánimo, en ocasiones sólo dormía cual  sapo embrujado, no importaba el sitio: llámese suelo o cama, lo importante era cerrar los ojos y desconectarse. 

     No sabía que tan unida estaba a  mi perro, hasta que el tiempo libre se convirtió en un premio. Ahora sé que cuando duermo, él duerme; cuando me enojo, me lame; cuando lloro, me lame y cuando me lame, duermo. Hay un patrón repetitivo: yo lo dejo lamer siempre y cuando él me deje dormir. Ambos sabemos el lugar que ocupamos en este mundo, él a mi lado y yo al suyo. Es una cosa al parecer romántica, pero nada que ver, más bien es una mutua dependencia animal. 

    Y bueno, en eso estaba, durmiendo y bailando cuando un día simplemente decidí cometer un error. Si, "planeé como uno hace al pensar que tiene que volver la suerte alguna vez". Y no volvió, porque nunca se fue, porque jamás llegó. Y uno lo sabe, esas cosas se intuyen y aún así me aventé  sin paracaídas, pero es que la caída libre es tan placentera, deja a uno adoloridamente satisfecho. Volviendo al tema, era innegable el error en proceso porque fue a propósito concebido, estaba pidiendo a gritos ser creado. Y yo, como toda una mujer obediente, de buena casta y con el calzón de castidad bien puesto; me di a la tarea de crear un hoyo negro donde mi sueño fue absorbido. Había uno o dos pasos tentativos para caer en él y lo único que me detenía era mi perro, no quería arrastralo y, en el fondo, no debía arrastrame.
    Y estoy resistiendo pero estos momentos duran poco, cuando uno se da cuenta ya no le queda nada, ni el cero con el que empezó. Ya no queda ni uno mismo, no te entiendes y no te encuentras. Ahh, pero se me pasa un detalle: "ahí",  el baile, donde está ese gran porcentaje de montaña rusa que lo llena todo.

martes, 31 de enero de 2012

Falso Explicacione


  Aquí estoy de nuevo con esa sensación de perrillo perdido, sacudiéndome la pulgas de la poca melena que lleva un año creciendo y parece verse igual, bueno, en verdad está igual. Había pasado un día  del hundimiento emocional en el que me había inmiscuido y ahí seguía: hundida. Recién subí al Facebook una foto de cuando era pequeña y me la pasaba sonriendo a quien se dejara captar instantáneamente con mi extensa dentadura de leche, era una foto en que me noto de verdad feliz. La subí con el afán de recordar mis años maravillosos en que me pasaba los veranos playeando con la familia, sentada en la arena con mi pepsilindro de los Picapiedra; de alguna forma quería demostrarme que alguna vez tuve ese ingenuo marco en mi rostro: la sonrisa.  No es que -no sonría- ya que la mayor parte del tiempo me la paso mostrando los elotes que traigo por dientes, sino que, definitivamente algo anda mal conmigo y puedo sentirlo, puedo oler mi mal humor cada mañana.
 En estos días veo a los niños sonreir tan naturalmente, que sólo puedo quedarme admirando la belleza de su existencia y entonces, lo único que deseo es desear algo. Creo que hasta un "perrillo perdido" ha de sentirse más ubicado, al menos éste tiene su olfato que lo guía al basurero más cercano; en cambio yo,  tengo mi cabeza hecha un basurero y mi sentido del olfato es tan nulo como mi sentido de orientación. Hacia donde quiera que vaya o intente ir, siempre termino abriendo la puerta de la casa esperando a que me pregunten porqué llegué tan tarde.
  He llegado a una conclusión o más bien acabo de llegar a una conclusión: estoy cansada de "explicacionar",  dícese de la acción de constantemente dar explicaciones. Para empezar explicaciono con mi madre (en realidad sólo abro la boca como un pez fuera del agua, ella cree que explicaciono y a eso le llamo: "falso explicacione"), seguidamente explicaciono conmigo (y al término escribo, es como fugar un cigarrillo) y finalmente explicaciono con el Dios en el que he vuelto a creer (y entonces concluyo que no concluí nada). Venga, ese el punto: estoy cansada de explicacionar todo el maldito tiempo acerca de todas las malditas situaciones habidas y por haber acerca de todas las personas habidas y por haber. Me propongo un trato: por un día dejar de explicacionar. 
  En cuanto a la sonrisa pues  ha de aparecer en algún buen momento en que me encuentre sentada en la arena con mi pepsilindro (una indio); pero eso no importa ahora, ya que  la verdadera sonrisa empieza en la caja toráxica y sale a relucir sólo cuando ya no pueda mantenerse más tiempo oculta... ¡mierda! mi sonrisa sigue jugando busca busca.

domingo, 29 de enero de 2012

El regalo

>> Es gracioso como la vida te presenta un desiquilibrio para mantener tu equilibrio, eso pienso <<

  Recién acababa de enviar un regalo al mundo y me había despedido de él, así que  un día como cualquier otro me sentí  lista para dejar que todo el universo entre por mis ojos y que mis ojos le entren al universo.En eso andaba, revolviendo al viento con mi cabello cuando el "no se qué" (entiéndase por casualidad, destino u obstáculo) me presentó el mismo regalo que recién acababa de enviar al mundo y me habia despedido de él ¡En pleno universo en mis ojos y en pleno viento con mi cabello! Entonces, como toda una artista del escape me di a la huída a paso firme, era el regalo más enredado de toda mi vida y podía saberlo por la forma en que vino envuelto. Por otra parte, re-recibirlo  podía significar una maliciosa trampa.
  Caminé como bajo la lluvia (era un día soleado y mi desesperación estaba de más), casi corriendo me fijé en los semáforos para cruzar al otro lado lo más pronto posible (estaban bien verdes), donde yacía la paz y el equilibrio (donde podía hacer mi berrinche interno), voltieé a mi izquierda para verificar que era seguro cruzar la calle (sólo quería cruzar y que me aplaste un auto), cuando...

-Hey,Gemma
-Hola...
- (... ) te vi y me acerqué...
- Yo no estaba segura de que seas tú... (estaba completamente segura de que eras tú)
- Yo tampoco, te vi y dije ¿Gemma?
- Hahaha, que sorpresa (¿sorpresa? ¡castigo! ¿reirme? quiero llorar, no puede ES!)

  Y así podría contar toda la presentación, pero no es el punto. Platicamos durante dos horas, bebimos unas frías y "nos despedimos". Ese tampoco es el punto, en realidad no sé cual es el punto. El regalo había vuelto por su cuenta y sin envoltura, quizá eso quiere decir que ya no era un regalo en el mundo, era algo más allá andando por el mundo y eso podría significar una liberación para mi: si vino por su cuenta puede irse por su cuenta y entonces.. ¿y entonces qué? ¿que termino siendo? ¿efímera? ¿pasajera? ¿un regalo envuelto?  

  Lo que pesa no es el  "no se qué" (entiéndase por casualidad, destino u obstáculo), lo que pesa es el contenido de la comunicación visual, verbal y hasta quirológica; un Mus entre los dos y nuestras dos frías. Al contrario de la sonrisa que en otras ocasiones se dibujaba en mi rostro, acabé hecha un papel en blanco, más blanco que la mente en plena meditación, y eso que es difícil alcanzar la plena meditación; luego entonces mi mente era un blanco falso, quizá decepcionada del perfecto momento y lo imposible de su seguimiento a lo largo de la línea del tiempo. 

  Despues de "nos despedimos" acordando un próximo posible encuentro (intercambiar números y dejar que el otro caiga en la tentación, lo cual no ocurrió en ninguno) dejamos la estela de miradas sedientas, el vínculo silencioso entre el ruido urbano de los camiones y la certeza de que no podemos estar juntos y preferíamos dejarlo en manos del "no se qué" para sentirnos menos culpables. Llegué a casa, desiquilibrada como una adicta a los cigarros mentolados, con el sello de vaca en la frente: "FA #23" (Fracaso Amoroso número veintitrés).

  Todo lo que hube construido quizá no estaba bien cimentado, mi ex-equilibrio era falso y pude darme cuenta el día en que recién acababa de enviar un regalo al mundo y me había despedido de él, ¡en pleno universo en mis ojos y en pleno viento con mi cabello! A punto de cruzar la calle al equilibrio, el día en que el regalo volvió por su cuenta y sin envoltura, el día de "nos despedimos, del sello en mi frente "FA #23" (Fracaso Amoroso número veintitrés) y de que todo lo que hube construido quizá no estaba bien cimentado. 

  Pasada una semana, me dispusé a equilibrarme en base al desequilibrio anterior. Una velada de nachos con Mi  Altergomejoramiga, la recomendación de una película, el seguimiento de otra, un Domingo de ropa limpia y por supuesto, un fría en mano. Es gracioso como la vida te presenta un desiquilibrio para mantener tu equilibrio, eso pienso. 

  Dedicado a: Mi  Altergomejoramiga, a mi y a ellos. 

jueves, 19 de enero de 2012

¿Sé tú?

  El otro día me sorprendí pensándote, ahí estaba, a la vuelta de mi cama, de la escuela (porque todavía voy a la escuela), de mi casa y hasta la vuelta de la vuelta; entonces heché el estómago a la escarpa y con él todo lo que guarde de ti (que no fue mucho) pero fue concentrado y, ahí empezó mi calvario.

  Luego me regalaron un libro que habla de las miradas, bueno, en realidad habla de las relaciones humanas pero eso implica muchas veces las miradas y me refiero a las miradas superficiales que de alguna manera que no sé cual es llegan a lo interno. En realidad no decía nada de eso, pero es una de las conclusiones a las que llegué ¿a qué va esto? Bueno, como dice una canción que me pasó mi amiga , encontrarme con "tus ojos de asesino y tu cuerpo perfecto" fue una cosa rasposa, no me preguntes porqué, sólo fue rasposo y ya. Si me dijeras que no me tocaste ni el cabello, lo entedería, pero tocaste hasta mi alma con una simple frase "se tú" y entonces fui todo menos yo, un cúmulo, una estrella y un chicle; una hormiga, un sonido y un suplicio, terminé echa nada. Quiero pensar que fue excelente sentir y sentir por ti; pero sería más mentirosa de lo que ya soy, de por si miento, me miento y  le miento a lo que miento; entonces temgo que admitir que la excelencia se terminó el día en que nos despedimos, si, ese día en que platicamos de las galletas, luego cada galleta me aleja más de ti y de tu cuerpo etéreo. 

  He estado leyendo, como te decía, y quizá estoy mal pero estoy bien, es decir, que no quiero a nadie más en mi vida si no eres tú y me encanta el pensamiento fracasado: simplemente estás prohibido, con todas las letras y con todo el énfasis que deba darse a la palabra, estás vetado para mi, lo dice Chaak, Dios, Jheová, Alá, Osiris y esa parte mía que se dice llamar "sé tú". Y "sé tú" tiene muchas implicaciones, una de ellas y la más estúpida es que te amaré en secreto hasta el día de mi muerte y (la verdad no te amo, sólo quería escribirlo) otra implicación es odiarte chido, no quiero verte más y mucho menos rozarte, porque eso trae consigo otras implicaciones que "sé tú" no  podría soportar. Como te decía, he estado leyendo y me siento feliz de esta edad y de lo no desesperada que me encuentro para conseguir pareja, porque he visto el resultado en ti, y no es que sea malo, al contrario es un resultado maravilloso y premiado, pero no quiero llegar a los 30 años casada y encontrarme con Nemo, tú me entiendes, tanto tiempo buscando algo que vive bajo el agua y aparte esta mocho, no quiero eso. No lo tomes a mal, no insinúo que la regaste, quizá eres feliz y lograste tu mayor sueño; aparte sé que esto no te interesa, hahaha, pero hablando conmigo de ti, solamente te desesperaste, quiero creer que así fue y por eso la vida me pone ahora una historia cursi, sin desenlace o continuación y por si fuera poco, sin un final que me haga dejarte en esa vuelta de la escuela (porque todavía voy a la escuela), en esa vuelta de mi cama, del estómago en la escarpa y de la vuelta misma donde empezó mi calvario.