Shiraz

Shiraz
Gemma Love

miércoles, 25 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Capítulo 17. Final primera parte)


¿Cómo te defiendes de ti? 

  Yo era mi enfermedad, mi verdugo, mi amigo, mi compañero, mi perro, mi amante, mi mentira, mi protector, mi conciencia, mi látigo y mi abrasador consuelo. ¿Cómo le haría para esconderme de todo ello? Pensé, que, quizá en un sitio dónde no tenga que ser algo específico, donde pueda coexistir sin mucho dinero y sin la presión de vestir, decir y hasta de sentir lo adecuado. Hay mundos para los que no estaba hecha, un segundo en la superficialidad me destrozaba las ganas de salvarme.

  Venía pensando mucho en mí. A veces las mentes más complicadas son las más sencillas y las más sensibles, me dolía hasta el iguano que mi perro se tragaba, me dolía las seis de la tarde frente al sucio y salado mar de progreso; pero me dolía más no poder acabar con ello porque no quería y cuando me lo proponía me sentía vacía. Y me preguntaba, ¿qué es lo que pasa? ¿qué es eso que digo que tanto me duele?




  Tenía muchas ganas de no estar.

  Brian iría al parecer el fin de semana a Cancún, su madre le había regalado un pequeño disfrute, lo que significaba que podría estar sola y cambiar algún rumbo de mis días hacia la paz de no tener que hablar, ni pensar tanto o pensar todo lo que quisiera sin medirme. El plan era escapar unos días de casa, para ello necesitaba dinero, algo que no tenía, así que igual pensé en ir a casa de Lluvia y pasar un fin de semana admirado sus grandes ojos que me hacían entender el mundo de otra forma más espiritual. A veces pensaba que ella debería ser Buda, pensé en llamarle Buda. Pero, también recordé que lo que deseaba desde el fondo de mi pequeño trasero, era escapar, REALMENTE escapar de todo, todos y toda.

  Llorar, era un verbo cálido, satisfactorio y lubricante. Me gustaba llorar, pero hace tiempo que no sucedía. Quería que se muriera alguien para llorar mucho, pero seguían vivos. Pensé en morir, pero no podría llorar, así que desistí de la idea. Mamá había hablado de pastillas, creo que en algún momento querría marcharse, pero tampoco lo hizo. Así que todos seguíamos “soportando” la vida que elegimos y que además nos tocó. Miré el techo de la tienda, lo noté tan alto como nunca, -me lleva la chingada- exclamé, nada más quería maldecir a los siete cielos que me había hecho creer que existen, me sentía de la puta madre de vacía y estática. No había movimiento, empezaba a morir hasta mi cuerpo, tenía los primeros signos de la pre-pudrición. Luego la presión en el pecho, no podía respirar y tenía sed y tenía hambre y tenía ojos secos. Sobre todo eso, los ojos secos, no había nada más dentro que mis estúpidas pupilas oscuras. Luego todas esas gentes hablándome en Facebook, eran una exageración de correos privados, quería desactivar la cuenta, quizá lo haría un tiempo o quizá sólo me iría sin enterarlos. Sí, eso quería, irme y nada más enviar un mensaje a mamá que diga: “estoy bien, regreso en unos días, cualquier cosa a mi cel. Estoy sola, nadie que me viole, así que despreocúpate. Te quiero, siempre lo haré. Gracias”. Y aunque sonaría a una despedida que la haría llorar, entendería que algo EN VERDAD no anda bien conmigo y que necesitaba quemar mis naves y volar lejos para regresar agradecida con la vida, por tener quien espere mis estúpidos pensamientos y mis rasgados ojos tristes, cansados de ser lo que eran.

  Hacía tiempo que no escribía tanto y tan fluido, dí gracias al dios de la escritura por todos aquellos libros prestados por Orlando y por la fluidez de mis dedos para escupirlo todo. Me sentí un poco triste al recordar que sería el último capítulo, quizá de una primera parte, quizá no. 






  El siguiente paso: me había quedado claro que cuando algo se termina, se termina, siempre todo en su perfecto tiempo; así que la danza era ya un hecho desecho. Mi criadero de perros, una posibilidad, además estaban claras al menos algunas cosas como realizar todos los deseos de mi lista de deseos, quizá sólo eso. Lo demás se presentaría cuando así tenga que suceder; después de todo, “en cualquier momento que comience es el momento correcto”.

miércoles, 18 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 16)


  Esa mañana mamá pidió hablar conmigo, era miércoles y no fui al médico como lo habíamos planeado. Mamá tenía miedo de que yo tuviera cáncer, y yo tenía tan sólo la curiosidad, siempre mi dejo de morir joven y tristemente feliz. Pidió hablar conmigo en cuanto terminé de  cepillarme los dientes, y cuando empezó, mi cuerpo hirvió en llamas del infierno deprimente, me vi entre rocas ardientes de un volcán muerto: mamá juzgó mi proceder con Brian, criticó la carta, el que lo haya besado antes de que seamos algo formal, me llamó vulgar y lloró a Dios por mi alma, para que en algún momento halle el camino de vuelta a la cordura. Preguntó si Brian  había insinuado algo de tener relaciones o si yo quería hacerlo con él o si ya lo había hecho o si por mi cabeza pasaba hacerlo próximamente y todo ello me dio vueltas y me eché a morder con palabras las palabras de mi madre. Lo cierto, era que en definitiva andábamos coqueteando con la idea de ello y quizá ocurriese pronto y además, lo habíamos comentado por teléfono, durante aquellas noches en las que hablábamos hasta la madrugada. Quiero pensar que mi madre nunca escuchó las pláticas, pero todo me indica que sí. Mis ojos le dicen a gritos cuando miento, ella lo sabe todo sin siquiera preguntarme.
  Peleamos en la cocina, en mi cuarto, en las escaleras, en su cuarto, en la sala, en la puerta. Me creía la peor mujer del mundo, la más vulgar, la más fácil y eso entristecía mi alma triste, no porque me pensara tan horrenda y poco decente; sino porque, después de tantas situaciones, pleitos y llantos… nada había cambiado, quizá, en ninguna. 

  A veces pienso que nunca llegaré a ser en verdad feliz, todo su sermón me llevó a pensar las cosas no tan detenidamente, pero a pensarlas. Me encontraba realmente confundida, además, le había comentado sobre unos días en Bacalar con mi Romeo, y al decirme que seguro quiero hacer sexo con Brian, sentí que me morí. La única verdad, era que quería estar sola, pasear, nadar, pensar, no pensar, sentir, comer, reír, fotografiarme junto a mi perro, dormir bajo el cielo estrellado, cantar mientras me baño, irme, diluirme junto al cálido cuerpo de mi amigo fiel y simplemente, todo lo que ella albureaba, era acerca de la bajeza de mi persona, la pobre, tonta, fácil y puta hija suya.
¿Cómo no morirme? ¿Cómo no dolerme? Quería que el cúmulo en la ingle, explotara, me llevará no importa si al infierno, o al paraíso, o a ninguna parte, todo menos aquí, escuchándola y sintiéndome. Mamá, ¿recuerdas que pasó con el abuelo? Claro que lo recordaba, una presión más y acabaría por seguir sus pasos, directo a la morgue. No era una chica estable. Si ella supiera que perdí mi virginidad con ese chico que ella consideró inofensivo, si supiera que siempre he sido yo la causante y única autora de mis desgracias experimentales. Si supiera que me ahogo en mí actuar, que mis pensamientos me encarcelan en una magnífica fortaleza de ignorar el tiempo. ¿Cómo le explicas al mundo que no te sientes parte de él? ¿Cómo le explicas a la señora que te dio la vida, que estás a punto de colgarte porque todo es una maldita estupidez? ¿Cómo le haces entender, que sus críticas no ayudan en devolverte a la tierra; sino que al contrario, te extirpan de un bofetón?

  La persona que más te ama, es la que más se inmiscuye en tu vida y es la que odias al final del día. Me pegunté cuánto amaba a mi madre como para perdonar el daño que me causaba y aceptar su amor, de la forma en que venga empaquetado. No quería parecer más mal agradecida de lo que ya era; pero antes de salir de casa esa mañana, le pregunté cuánto más me haría esto, estas escenas y esos reclamos de mi vida privada, me respondió que siempre que viva bajo el techo de su casa tendría que respetarla, aunque eso signifique dejar a un lado ciertos deseos personales. Nunca había luchado por alguien, esta vez, era turno, de verdad, enserio, de luchar por mi y mi vida. Le dije que buscaría casa para rentar, me dijo que le parecía perfecto, salí, lloré, caminé lo más etérea y digna que pude, recogí mis alas rotas y abrí la tienda, puse música y lo que más amo fluyó como trompo sin detenerse: el malestar de sentirse basura humana.

  Recordando cuantas veces había pasado por ello, me di una última oportunidad para hacer lo que siempre he querido: vivirme plenamente, sin reparos, sin críticas y sin imposiciones. Agradecí al cielo el amor de la familia y su educación, su apoyo, sus palmadas y sus preocupaciones; así como sus regaños y sobreprotección. Pero este mundo, así de salvaje, así de monstruoso y destructor de identidades, debía enfrentarlo sola y a esta edad, era necesario porque mi sangre hervía y no podía esperar segundos más para hallarme desgarrada. El paso a seguir era ahorrar, buscar casas en renta, terminar deudas y cobijarme con el aire caluroso de Julio. El paso era sólo ser fuerte, sin lugar para los derrames emocionales. El problema de todo ello, el punto máximo que me orillaba a semejantes decisiones, la esencia de tanto rollo, era que necesitaba planificar el tipo de vida que deseaba y el inicio era nada más que esto

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 15)

  Había terminado mi primera semana de turno completo en Vintage, iniciaba la segunda y se notaba  la prosperidad. Teníamos nueva mercancía en tienda, lo que hacía lucir más bellas mis tardes dentro de ella. Vintage era como mi habitación, porque para empezar estaba a unas cuadras de mi casa, en el centro histórico de la ciudad de Mérida; y en segunda, porque tanto tiempo dentro y en su ambiente cálido, podría explayar mi escribir, mi pensar y aislarme de casa y de todos. De alguna forma, me sentía a salvo. Todas las noches caminaba Mérida de regreso a casa, queriendo no llegar, pero llegando. Paseaba a Romeo por algunas cuadras cercanas y al final, ninguno quería entrar, pero entrábamos. Hacía ejercicio y después de bañarme, tumbada en la cama, esperaba la hora exacta para marcarle a Brian y platicar como platicábamos. Romeo se tumbaba debajo de la cama, lo más cercano a mí, respirando mi voz en toda la habitación y suspirando por la emoción que compartíamos al estar vivos y juntos.  

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 14)

  Hay cosas que prefiero no escribir para no recordarlas y no sentir, pero todo este asunto de sentir se me viene colando por los huesos. “Empiezo a conocer la intensidad de mi ser”. Lo cierto es, que, suceda lo que suceda, si algo falla, se explota o se termina… me hará cerrarme herméticamente, para siempre. 

lunes, 16 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 13)


Desaparecer. Desaparecer dos veces. Desaparecer de la desaparición. ¿Cómo explicas la muerte interna? ¿Dónde se va el alma cuando ya no puede con su esencia? Era suficiente, en verdad era suficiente, necesitaba –ahora enserio- estar sola. 

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 12)


  Ese Lunes nueve de julio empecé a trabajar  doble turno, la situación del despido de mi compañera de trabajo había sido incómoda, sobre todo porque esa mañana se retiró casi corriendo y supuse que estaba llorando; me sentía mal por ella, ya que el trabajo lo conseguí a calor suyo; pero las circunstancias las había propiciado ella sola y una solo podía mirar cómo algunos finales se presentan por las acciones mal encaminadas de uno mismo. Entonces pedí al cielo que todo mejorara en la tienda, que el embarazo de mi jefa sea dichoso, que todo esté en orden siempre, ya que era mi turno hacerme responsable de todo lo que viniera, todo.  Por otra parte, había tenido una conversación con mamá durante el desayuno,  confesé lo perdida que me sentía al terminar mis estudios y no saber a dónde dirigirme; así que me dijo las mejores palabras que una madre puede decir a su hija: “acabas de bajar de un tren cuyo objetivo era llegar a la estación, tomarás el siguiente tren que durará seis meses mientras finalizas todo y entonces cuando te bajes sabrás hacia dónde ir nuevamente”, era una analogía bastante clara, el viaje en tren significa el proceso mientras alcanzo metas, pero ¿cuánto más habría de viajar? No tenía esa respuesta porque no sabía lo que quería, tantos caminos, rutas, destinos y ninguno me erizaba la piel como al inicio de mi vida en las rieles. Además mi constante vicio de querer estar sola todo el tiempo, no estaba segura de lo que había con Brian, en verdad lo considero la primera persona que he tratado con seriedad; sin embargo, no sé hacia donde iríamos ni con que propósitos, el próximo once cumpliríamos dos meses de conocernos: no es mucho, pero es mucho. ¿Hay algo que deba seguir después de ese tiempo besándonos?
   Era un hecho: todo este tiempo trataría de visitar aquellos lugares que tanto se me antojan: Laguna de Bacalar, San Crisanto, Telchac Puerto, Celestún, y las playas que mi cuerpo pueda soportar. LO había pensado bien: tendría que ser un sábado después del trabajo, me quedaría para amanecer domingo y regresaría por la noche, para al día siguiente llegar a tiempo a la tienda. No me importaría si nadie pudiese acompañarme, había pasado las primeras semanas de mi vida en libertad: enferma, y cuando tuve la disposición económica para pasear y comer y beber, nadie estaba disponible. Parecía una broma muy mala, y pensar que Brian me acompañaría en esta nueva etapa de morder el mundo, pero no, él se encontraba en una etapa extraña de aislamiento y hasta quizá evasión de mi persona, teniendo tantas noches para disfrutar y tanto tiempo… empezaba a cansarme y sólo llevábamos casi nada juntos, sin un nombre, sin una exclusividad asegurada. Después de tantos chicos y tantas estupideces mías,  una parte de mi quería salir corriendo y aislarse en alguna cabaña barata y húmeda y leer y beber vino tinto. Pero ahí estaba yo, esperando que se comunicara conmigo, que me llamara, que me oyera, cuando siempre toda mi vida había prometido jamás quedar loca por alguien, nada de esperanzas, nada de miradas perdidas, nada de escuchar latidos de corazón del pecho enfrente, nada de esas cosas maravillosas que te elevan y de un soplo hacen caerte al abismo más exquisito de todos. Y ahí estaba, enamorándome y esta vez, estaba segura que era un hecho, después de Jim, supe distinguir entre capricho, gusto y cariño. ¿Qué más puede hacer una chica como yo que no ha amado? ¿Entregarse en carne viva a lo que venga? ¿Dejarse acompasar por el sentimiento que me abarcaba en su presencia? Tenía tantas ganas de llorar, por vez primera me sentía atrapada en un alguien, depositada en un alguien, sin que ese alguien lo sepa y sin que yo quisiera demostrarlo abiertamente… ¿qué estaba haciendo?

martes, 3 de julio de 2012

La conciencia desgarrada de no poder encontrar algo (Parte 11)


   Dos de Julio y todo hubo terminado. Era Lunes y por la mañana había presentado el último trabajo con Mantilla, algo relacionado con América Latina y las definiciones de Realismo en novelas de Juan Rulfo, Carlos fuentes y García Márquez entre otros. Días antes finalicé el servicio social en un evento que se llevó a cabo en Jueves, día que por si fuera poco terminé bebiéndome la noche margarita tras margarita en el Pompidou. Esa noche Brian no pudo acompañarme, así que busqué fiesta con Ximena y Angelice. Ximena y yo empezamos la caza de cigarros, estábamos tan mareadas que varios chicos pensaron en aprovechar, pero no me apeteció bailar con nadie, así que me divertí con mis amigas las margaritas. Quedé ebrísima, mis tacones diez parecían de cincuenta y cada paso me convertía en el becerro más reciente de la manada de becerros. Terminé en una silla, con el regalo que mi niño Omar me había obsequiado esa misma noche, un patricio de peluche, así que me dispuse a descansar mientras lo recordaba. 
  Pasadas las horas un chico de nombre Abraham me pidió mi nombre y mi número, sólo hice quitarme y sus amigos le preguntaron si ya me había untado el camarón, que cerdos, pensé. Pero así son estas noches, no todos van a relajarse y divertirse tranquilamente, muchos van en búsqueda de sexo fácil y urgido y salvaje y todas esas cosas maravillosas que una relación sexual ocasional puede proporcionarle a uno. Y no los culpo, quizá en otra época de mi vida (hace dos meses) y si no tuviese que llegar a casa a una hora determinada, hubiera ido en busca de una situación similar. Mínimo un after loco y prendido que me dejara repensando en si estaba viva o muerta; pero una vez que llegué a casa por la madrugada me postré en el cuarto de mis padres y dormí como bebé. 
  Después de la locura vivida el jueves, llegó el viernes y con ello la  última sesión del servicio, mi cara de zombie decía tres cosas: estoy cruda, la gripa contraataca y los odio a todos. El sábado me pasé postrada en cama al igual que el domingo. Lunes de nuevo, lunes dos de julio y a pesar de la gripa respiraba libertad hasta por las orejas. Para eso Peña Nieto habría ganado como presidente, al igual que Rolando Zapata para gobernador. Brian estaba emocionado por su posible y casi seguro puesto en el PRI. Yo estaba emocionada por él y por mi, ya que Julio representaba el mes del cambio, del descanso, de la planificación y el avance. Mientras tanto el país estaba camino a la mierda absoluta, con el PRI en el poder todos andaban vomitando críticas en las redes sociales, tanto que me hastié y preferí escribir. Terminé criticando al pueblo crítico, eso me hizo pensar en lo criticable que sería que leyeran mi crítica acerca de sus críticas, acabarían por criticarme toda. Pedazos love por todas partes, sería espléndido; pero como volvió a abrir la tienda, nada mejor que el aislamiento. Quedaba esperar el viernes para el pago de mis seis mil pesos, con eso haría un pequeño viaje quizá a la Riviera, entre otras cosas. Veía venir una de mis metas, llevar a Romeo al mar, sólo el y yo y el inmenso océano que lo cura todo. Mi alma necesitaba la última pócima y estaba por conseguirla. Todo estaba en su lugar, por un momento, en el cauteloso tiempo.