Ahora más que nunca sé de vasijas rotas, hechas mal desde el inicio. No viene, simplemente la iluminación no viene y no encuentro a Dios en las personas. Los momentos en que callas las bocas, empezando por la tuya, se multiplican cada día por dos más; entonces caminas soñando que disfrutas el viento cálido y te haces rama movida por su ritmo. Ahora más que nunca mi cuerpo es sólo un cuerpo y mi alma no existe como tal, quizá la voz se propaga entre mis órganos y de ese sonido mi pensamiento es eco.
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