Aquí estoy de nuevo con esa sensación de perrillo perdido, sacudiéndome la pulgas de la poca melena que lleva un año creciendo y parece verse igual, bueno, en verdad está igual. Había pasado un día del hundimiento emocional en el que me había inmiscuido y ahí seguía: hundida. Recién subí al Facebook una foto de cuando era pequeña y me la pasaba sonriendo a quien se dejara captar instantáneamente con mi extensa dentadura de leche, era una foto en que me noto de verdad feliz. La subí con el afán de recordar mis años maravillosos en que me pasaba los veranos playeando con la familia, sentada en la arena con mi pepsilindro de los Picapiedra; de alguna forma quería demostrarme que alguna vez tuve ese ingenuo marco en mi rostro: la sonrisa. No es que -no sonría- ya que la mayor parte del tiempo me la paso mostrando los elotes que traigo por dientes, sino que, definitivamente algo anda mal conmigo y puedo sentirlo, puedo oler mi mal humor cada mañana.
En estos días veo a los niños sonreir tan naturalmente, que sólo puedo quedarme admirando la belleza de su existencia y entonces, lo único que deseo es desear algo. Creo que hasta un "perrillo perdido" ha de sentirse más ubicado, al menos éste tiene su olfato que lo guía al basurero más cercano; en cambio yo, tengo mi cabeza hecha un basurero y mi sentido del olfato es tan nulo como mi sentido de orientación. Hacia donde quiera que vaya o intente ir, siempre termino abriendo la puerta de la casa esperando a que me pregunten porqué llegué tan tarde.
He llegado a una conclusión o más bien acabo de llegar a una conclusión: estoy cansada de "explicacionar", dícese de la acción de constantemente dar explicaciones. Para empezar explicaciono con mi madre (en realidad sólo abro la boca como un pez fuera del agua, ella cree que explicaciono y a eso le llamo: "falso explicacione"), seguidamente explicaciono conmigo (y al término escribo, es como fugar un cigarrillo) y finalmente explicaciono con el Dios en el que he vuelto a creer (y entonces concluyo que no concluí nada). Venga, ese el punto: estoy cansada de explicacionar todo el maldito tiempo acerca de todas las malditas situaciones habidas y por haber acerca de todas las personas habidas y por haber. Me propongo un trato: por un día dejar de explicacionar.
En cuanto a la sonrisa pues ha de aparecer en algún buen momento en que me encuentre sentada en la arena con mi pepsilindro (una indio); pero eso no importa ahora, ya que la verdadera sonrisa empieza en la caja toráxica y sale a relucir sólo cuando ya no pueda mantenerse más tiempo oculta... ¡mierda! mi sonrisa sigue jugando busca busca.
Explicacionar: Acción inútil o útil, según el caso
ResponderEliminar