Llevaba
una semana completa que venía recordando lo que soñaba, al despertar de cada
uno de los días tenía vívido el color y la sensación de cada una de las
imágenes de mis sueños. En el último me encontraba en el Golden Gate, como si
hubiera ido alguna vez, había un tornado y una gigantesca ave negra sobrevolaba
la ciudad, era una especie de zopilocuervo que buscaba una hembra que le diera
un hijo, volaba y buscaba por todas partes de entre las mujeres que se
encontraban en el puente, ninguna parecía la correcta y continuaba su búsqueda
con grandes aleteos que desperdigaba plumas negras sobre los autos. El tráfico estaba
detenido, las personas de un lado a otro, el viento fuerte como si el mismo
cielo nos atravesase a todos, y yo, estaba viendo como todo era devastado por las
fuerzas naturales de mi imaginación. Entre todo ese espanto salí del auto rojo donde me encontraba oculta, pasando
al rol de la presa fácil y cuando pude recobrar el aliento, me encontraba entre
sus patas, por los cielos y camino a su morada. Después de eso no recuerdo más, quiero pensar que fue la forma de sudar el embrollo
que acepté, desde la locura y las
ráfagas de sensaciones, hasta la tortura
de vivir lo que decidí vivir. Desperté y tuve miedo. Primero pensé que el
diablo quería un hijo y vino por mi; pero pasadas las horas
pensé que la devastación era en resumidas
cuentas mi alma. O quizás el ave era esa parte oscura de uno y la devastación
era lo que estaba por venir. A final de cuentas, la única que había propiciado
todo ello, era yo. Entonces debía darle un final lo más pronto posible, como hago con todas esas situaciones que no llevan a nada. Y eso representaría un breve, pero agudo dolor de cansancio y decepción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario