Ni las mentes más amadas,
ni las más complicadas;
algo que sólo entendiese
un dueño de sí mismo,
sin palabras de sentimentalismo
y con la mirada sombreada.
Sólo así pudiese contemplarse
a lo más fiero de la persona,
cuyos deseos ocultos
no dejaran de manifestarse.
Y en el centro de una luz
encontrarse iluminada,
escasamente libre y
sigilosamente amada.
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